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FiNaL dEl JuEgO

Lucía Febrero...

“Esta noche te espero mirando al sol. Venga valiente ¡Salta por la ventana¡”

Me llamo Lucía. Tengo la edad perfecta para saltar por mi ventana una noche de estas e ir en busca de mis sueños. Soy joven pero no tonta. También sé tener los píes en el suelo pero la vida se ve mejor si, de cuando en cuando, me permito el lujo de levantarlos unos metros y volar. No tengo unos ojos perfectos pero me encanta el brillo que desprenden cuando, muy de vez cuando, encuentran una mirada cómplice y sincera que los mira de frente, transparente. Mis labios no son tan sensuales como los que salen en los spots publicitarios, pero resultan perfectos después de ser sorprendidos con un beso inesperado. Mi nariz no es tan fina como quisiera pero recibe sucesivas alegrías cuando aspira el maravilloso olor a tierra mojada cada vez que llueve. Mi cuerpo no es el de una modelo o una actriz de Hollywood pero se ve tan acogedor cuando es dulcemente abrazado por alguien especial. Me llamo Lucía y soy la luz de esta habitación, tan azul y relajante, como mi nueva forma de mirar hacía fuera. Me llamo Lucía y, en este momento, el mundo es perfecto. 

Creencias, Recuerdos, Emociones... y de fondo el mar

Lo que se ha perdido, lo que se debería haber perdido,
lo que se ha conseguido y ha satisfecho por error,
lo que amamos y perdimos y, después de perderlo, vimos,
amándolo por haberlo tenido, que no lo habíamos amado;
lo que creíamos que pensábamos cuando sentíamos;
lo que era un recuerdo y creíamos que era una emoción;
y el mar en todo, llegando allá, rumoroso y fresco,
del gran fondo de toda la noche, a agitarse fino en la playa,
en el decurso nocturno de mi paseo a la orilla del mar.
 

Salvo El Crepúsculo

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la
opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor;
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar
cerca
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.
Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca.

Y se nos van llendo los días que caminamos

 
...Esta vez enmendamos las torpezas y premuras de las primeros encuentros, haciéndonos más dueños de la sintaxis de nuestros cuerpos. Los miembros van hallando un mejor ajuste; los brazos precisan un más cabal acomodo. Estamos eligiendo y fijando, con maravillados tanteos, las actitudes que habrán de determinar, para el futuro, el ritmo y la manera de nuestros acoplamientos.
Con el mutuo aprendizaje que implica la fragua de una pareja, nace su lenguaje secreto. Ya van surgiendo del deleite aquellas palabras íntimas, prohibidas a los demás, que serán el idioma de nuestras noches. Es invención a dos voces, que incluye términos de posesión, de acción de gracia, desinencias de los sexos, vocablos imaginados por la piel, ignorados apodos -Ayer imprevisibles- que nos daremos ahora, cuando nadie pueda oirnos... Mi nombre en tu boca, ha cobrado una sonoridad tan singular, tan inesperada, que me siento como ensalmado por la palabra que más conozco, al oirla tan nueva como si acabara de ser creada. Vivimos el jubilo impar de la sed compartida y saciada, y cuando nos asomamos a lo que nos rodea, creeos recordar un país de sabores nuevos. Me arrojo al agua para soltar las yerbas secas que el sudor me ha pegado a las espaldas, y río al pensar que cierta tradición es contrariada por lo que ahora ocurre, puesto que para nosotros, el tiempo del celo ha caído a medio verano....
 
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María Inés Lopez

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